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Cada eslabón de la cadena tiene que hacer su propia economía circular

La gestión de residuos y el desperdicio alimentario son las mayores preocupaciones para la CE

Feeding The World. @worldfeeding

Consciente de la necesidad de cambiar de modelo económico para adaptarse a las necesidades modernas, la CE estudia la puesta en marcha de su paquete sobre economía circular, que deberá traducirse ahora en medidas concretas que contribuyan a producir este cambio de manera efectiva.

Tras constatar que la sociedad demanda la superación del modelo lineal de producción (coger, fabricar y tirar), empresas e instituciones parecen darse cuenta de que no es posible seguir mirando hacia otro lado. De hecho, tal y como apunta la CE, las empresas son las primeras interesadas en hacer el mejor uso posible de los recursos y obtener de esta forma los mejores rendimientos y una mayor ventaja competitiva. Sin embargo, los esfuerzos realizados por las empresas no tendrán mucho éxito si no van de la mano de las instituciones en este proceso y éste es precisamente el objetivo del paquete sobre economía circular lanzado a finales del pasado año por la CE.

En su explicación de este paquete de medidas, la CE parece convencida del apoyo a la innovación y a la bioeconomía. Incluso propone la lucha contra las “falsas alegaciones ecológicas” que dificultan el avance, sin embargo, mantiene una legislación enormemente restrictiva en materia de innovación biotecnológica en comparación con otras zonas del mundo, lo que impide a las empresas mantener su competividad. No obstante, este nuevo planteamiento ya es un avance en sí mismo.

Reducción de los residuos hasta 2030

En torno al 50% de los residuos plásticos van al vertedero y menos de un 25% de los que se recogen se reciclan. Estos datos son más que suficientes para que la CE haya dedicado también una parte de su reflexión sobre la economía circular a lograr niveles más altos de reciclado de este tipo de residuos, así como a promover su biodegradabilidad y a reducir la utilización de sustancias peligrosas.

La CE reconoce la “importancia capital” de lograr una producción sostenible de materias primas, para lo que pide el apoyo de las industrias y marca una serie de objetivos para 2030:

  • Reciclar el 65% de los residuos municipales
  • Reciclar el 75% de los residuos de embalajes
  • Colaborar con los estados miembros para la gestión de residuos sobre el terreno
  • Simplificar las definiciones y armonizar de los métodos de cálculo
  • Utilizar los Fondos Estructurales al servicio de los objetivos de la legislación comunitaria de residuos y en línea con la jerarquía de residuos de la UE
  • Establecer unos criterios mínimos de responsabilidad del productor, de forma que se recompense a aquellos productores que pongan en el mercado productos más ecológicos y fomenten su recuperación y reciclado

Por otro lado, la CE contempla el reciclado de residuos municipales y de embalajes, pero deja fuera los residuos industriales, para los que aboga por un enfoque sectorial basado en los documentos de referencia sobre las mejores técnicas disponibles (BREF) en lugar de un enfoque legislativo.

La CE no olvida la innovación como motor de este necesario cambio y como impulso de la competitividad de la industria de nuestro continente y anuncia que apoyará al sector privado, especialmente a las pymes a través de los programas Horizonte 2020, COSME, los Fondos Estructurales y de Inversión y el Fondo para Inversiones Estratégicas. Por el momento, sólo llega a detallar la aportación procedente de la iniciativa “Industria 2020 en la economía circular”, inscrita dentro de Horizonte 2020 y dotada con 650 millones de euros.

Desde Europa se reconoce el esfuerzo realizado por las pymes para innovar y anuncia la creación del Centro Europeo de Excelencia sobre la Utilización Eficiente de los Recuros para ayudarlas a beneficiarse de nuevas oportunidades de negocio, así como el fomento de la solicitud de financiación para el desarrollo de proyectos relevantes en el campo de la economía circular.

El desperdicio alimentario en el punto de mira

En relación al ya tan manido término de “desperdicio alimentario”, es importante destacar que cada año se tiran en la UE 100 millones de toneladas de alimentos a lo largo de toda la cadena alimentaria: comienza en la explotación agraria, continúa en los procesos de transformación y fabricación, en las tiendas y restaurantes y llega hasta los hogares. Este desperdicio tiene un impacto, no sólo económico y medioambiental, sino social que debemos tener muy en cuenta.

Por este motivo, tras la firma del acuerdo por el que se establecen los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, que incluyen la reducción del desperdicio alimentario a la mitad, la UE desarrollará, dentro de este paquete, una nueva propuesta legislativa que pretende:

  • Crear una metodología europea común para la medición de los residuos alimentarios.
  • Crear una plataforma en la que los estados miembros contribuyan a definir las medidas necesarias para alcanzar este objetivo y compartir buenas prácticas.
  • Aclarar la legislación relativa a residuos, alimentos y piensos, así como facilitar la donación de alimentos y el uso seguro de antiguos alimentos y subproductos.
  • Mejorar el uso de las menciones de fecha

De este modo, la CE quiere, además de reducir el desperdicio, contribuir a que alimentos seguros y de calidad lleguen a sectores de la población que en la actualidad encuentran dificultades para conseguirlos.

Los paquetes de medidas como este que ahora se plantea son un buen comienzo, pero no deben quedarse ahí, ya que un cambio de modelo tan profundo como el que aquí se plantea necesita apoyo firme y recursos además de buenas palabras.

Consultar más información sobre el paquete de economía circular

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