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Agenda 2030: dos desafíos y un destino

Denise Díaz. Periodista

Mediante la firma del Acuerdo de París, la comunidad internacional se ha comprometido a asegurar un futuro sostenible para las próximas generaciones. Para ello, no solo bastará con luchar por erradicar el hambre y la pobreza de cara al año 2030, sino que habrá que enfrentarse a la amenaza real del cambio climático. Este doble desafío nos obliga a todos a apostar por la innovación agroalimentaria como principal elemento de cambio hacia la sostenibilidad.

Las previsiones del informe de la FAO ‘El estado mundial de la agricultura y la alimentación: cambio climático, agricultura y seguridad alimentaria’ indican que en 2050 la demanda mundial de alimentos habrá aumentado un 60% con respecto a los niveles de 2006, a causa del exponencial crecimiento demográfico y de la rápida urbanización. Para lograr abastecer a la población mundial, que alcanzará los 9.100 millones de personas a mediados de siglo, será necesario impulsar a los distintos sectores agrícolas y fomentar herramientas que promuevan la competitividad sin comprometer el medio ambiente.

Sin embargo, no hará falta llegar a 2050 para sufrir las consecuencias del cambio climático en la seguridad alimentaria y en la agricultura. Hoy día, la productividad agrícola se está viendo afectada por los efectos nocivos del cambio climático. La FAO advierte en su informe que si no se toman medidas urgentes para frenar esta tendencia, la escasez de alimentos podría ocasionar una elevación drástica de sus precios. Además, la cada vez mayor variabilidad del clima acentuará todavía más la volatilidad de los precios.

Este escenario produciría un aumento de la desigualdad social, puesto que el número de personas pobres se incrementaría en 35 y 122 millones en 2030, según indica la FAO. La región más afectada por estas potenciales consecuencias sería África subsahariana, en especial las zonas que dependen más directamente de la agricultura para la subsistencia. Europa, por su parte, también se verá afectada por los efectos del cambio climático, aunque de manera menos acusada que otras regiones menos desarrolladas.

Acción inmediata

Para evitar estos efectos, la FAO recomienda reorientar las políticas de desarrollo agrícola y rural, de tal forma que promuevan prácticas sostenibles de producción agrícola, y de gestión y aprovechamiento de los recursos naturales. Además, es imprescindible fomentar un comportamiento más socialmente responsable de los consumidores.

Los principales implicados en estas nuevas políticas serían los pequeños agricultores, cuyos bajos ingresos les impiden, en muchas ocasiones, acceder a nuevas tecnologías, nuevos mercados y opciones de crédito. Son estos pequeños agricultores, de cuyo trabajo depende el abastecimiento de millones de personas, quienes tienen que aumentar su resiliencia y adaptarse rápidamente a las nuevas condiciones del sector. La FAO recomienda a la comunidad internacional que se comprometa con la sostenibilidad agroalimentaria y que divulgue prácticas sostenibles relativas a la tierra, el agua, la pesca y cualquier tipo de actividad agrícola, puesto que de otra manera será imposible erradicar la pobreza y el hambre.

Doble desafío

El informe de la FAO evidencia que las actividades agrícolas generan el 21% de las emisiones de gases de efecto invernadero, solo por detrás del sector de la energía. Por tanto, el desafío al que se enfrenta el sector es doble: lograr erradicar el hambre y frenar las consecuencias negativas del cambio climático. La ONU ofrece en su informe una amplia variedad de alternativas que permiten que la agricultura y los sistemas alimentarios sean más respetuosos con el medio ambiente, con el objetivo de reducir al mínimo los impactos ambientales.

Se ha demostrado que aumentar la sostenibilidad del sector agrario y alimentario es económicamente viable, pero para que el cambio sea duradero y eficaz es necesario que se adopten políticas y mecanismos de financiación de inversiones adecuados. La comunidad internacional al completo debe concienciarse de la importancia de este cambio de mentalidad y apoyar al sector agroalimentario en su camino hacia la sostenibilidad.

193 países firmaron en 2015 el Acuerdo de París, dentro de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Los compromisos adquiridos por la comunidad internacional demuestran su voluntad de transformar la agricultura y la alimentación. Sin embargo, es necesario pasar a la acción de inmediato para demostrar que estas promesas son más que buenas palabras. De otra manera, los efectos del cambio climático pondrían en peligro la producción de alimentos en las regiones más desfavorecidas.

 

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