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España se aleja de Europa en I+D

Andrea Villarino. Periodista

La Comisión Europea ha publicado recientemente el Cuadro Europeo de Indicadores de Innovación 2016, en el que analiza el rendimiento de la I+D a nivel comunitario, estatal y regional a través de 25 indicadores; y en el que España, además de encontrarse por debajo de la media europea, desciende en el ranking con respecto a 2015.

Dentro del ranking europeo en rendimiento de la innovación, España se encuentra en el grupo de los “innovadores moderados”, por detrás de los “innovadores fuertes” y de los “líderes en innovación”. Más concretamente, nuestro país se sitúa en el puesto 20, con una tasa de rendimiento de 0,361, mientras que la media europea se sitúa en el 0,521. Además, cae un puesto con respecto al anterior Cuadro Europeo de Indicadores de Innovación, en el que ocupaba el número 19.

Según refleja este mismo informe, España venía mejorando sus datos en innovación hasta 2013, año en que comenzaron a caer. También destaca que en 2015 el nivel de innovación es sensiblemente menor al de 2008 y que la distancia con respecto a la media de la UE no ha dejado de crecer. En la mayoría de indicadores analizados por la Comisión Europea para sus informes (21 de 25), el resultado de España es negativo en comparación con la media comunitaria, especialmente en lo referido a nuevos doctorados, jóvenes con educación superior a la secundaria, publicaciones científicas más citadas, inversión de I+D en el sector público, exportación de productos de alta y media tecnología o empleo en firmas de rápido crecimiento en sectores innovadores y actividades de alto conocimiento. Por el contrario, nuestro país destaca por encima de la media europea en cuatro de los 25 indicadores analizados: población con educación superior, co-publicaciones científicas internacionales, marcas comunitarias y cuota de mercado de productos innovadores.

Las claves del éxito

En palabras de Carlos Moedas, comisario europeo para la Investigación, Ciencia e Innovación, “los países y regiones líderes están apoyando la innovación a través de un amplio abanico de políticas, desde la inversión hasta la educación”. El aspecto clave que lleva a estos países a convertirse en líderes de innovación es la adopción de un sistema de innovación equilibrado, que combina la inversión pública y privada, los partenariados entre empresas e investigación académica y unos buenos niveles educativos e investigadores.

Éstos son los casos de Suecia, que destaca entre sus vecinos por la calidad de su investigación académica; Alemania, que lo hace por su combinación de financiación pública y privada; o Bélgica, por contar con una excelente red de colaboraciones en innovación.

En comparación con otros países no comunitarios, Corea logra mejorar sus resultados a un ritmo más alto que Europa, aunque por delante se encuentra China, cuya tasa de rendimiento es cinco veces superior a la de la UE, según el Cuadro Europeo de Indicadores de la Innovación 2016. Europa, sin embargo, no se queda atrás y logra recortar las distancias que la separan de países como Japón y Estados Unidos.

Evitar que España siga quedándose atrás en la carrera por la innovación necesita, como recuerda el comisario Moedas, de un esfuerzo público y privado. Según el informe “La situación de la I+D+i en España y su incidencia sobre la competitividad y el empleo”, publicado por el Consejo Económico y Social (CES) en 2015, la insuficiente financiación es uno de las principales debilidades de la I+D española, pero no la única. En el Programa Nacional de Reformas se estableció como objetivo para 2020 lograr que el 2% del PIB se dedique a I+D y, para ello, el CES señala que será necesario duplicar la participación del sector privado. Recordemos que, mientras España se marca como objetivo el 2% del PIB, la UE se encuentra ya en estas cifras y pone la vista en el 3%.

Aunque el aumento en la financiación privada es importante, el apoyo público es también fundamental, ya que puede contribuir a lograr innovaciones en campos en los que las empresas encuentran obstáculos para innovar por sí solas, bien debido a la necesidad de grandes recursos, bien debido a que no pueden asumir el riesgo por sí solas.

La brecha territorial se amplía

Además de alejarse de la media europea en la mayoría de indicadores, España también ha aumentado la brecha ya existente entre unas regiones y otras. El Cuadro Europeo destaca la existencia de regiones fuertemente innovadoras dentro de países “innovadores moderados”, como es el caso del País Vasco, que invierte un 2,03% de su PIB en I+D según el último informe de la Fundación Cotec.

Tal y como indica el Consejo Económico y Social, estas experiencias innovadoras en las regiones punteras (País Vasco, Navarra y Cataluña) podrían servir como referencia para otros territorios y a la vez demuestran la importancia de crear políticas coordinadas entre los distintos niveles administrativos que tienen competencias en materia de innovación.

Como vemos, el apoyo por parte de las administraciones públicas debe ir más allá de lo económico, debe crear un clima favorable a la investigación y el desarrollo de innovaciones. Así, el informe del CES aboga por mejorar los incentivos para las empresas innovadoras y eliminar las barreras que dificultan la movilidad del personal investigador entre las universidades, los OPI y las empresas, especialmente en el caso de las pymes.

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