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La agricultura que viene

El ser humano debe buscar formas sólidas y sostenibles de aumentar la producción al tiempo que lucha contra el cambio climático

Manel González. Periodista

El reto será mayúsculo: alimentar a más de 9.000 millones de personas en 2050 a la vez que protegemos al medio ambiente y a los seres vivos que se desarrollan en él. ¿Cómo lo conseguiremos?

En el marco de la Expo 2015 de Milán tuvo lugar la celebración de la 25ª Reunión Plenaria del Club de Bolonia, un grupo de presión nacido para tejer estrategias para el desarrollo de la mecanización agrícola. Las sesiones de dicho encuentro se cerraron con la intervención de Giuseppe Gavioli, por aquel entonces alto directivo de CNH Industrial, que lanzó una serie de pistas sobre cómo debemos los seres humanos hacer frente al reto anteriormente citado.

“La herramienta clave será la agricultura”, sostiene Gavioli. Gracias a ella y solo a ella lograremos alimentar a una población creciente y mantendremos el equilibrio en un planeta que ya está lanzando mensajes de SOS debido al aumento de la esperanza de vida y de la fertilidad en ciertos puntos del globo. Se espera que en los próximos 35 años la población aumente un 28%. Por ello, para Gavioli, “actuar ahora es la única opción para poder estar allí mañana”.

Actualmente existen 800 millones de personas en todo el mundo que sufren desnutrición. Aunque es una cifra en claro retroceso, debe perseguirse su total erradicación. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), “el crecimiento económico es necesario pero no suficiente para acelerar la reducción del hambre y la malnutrición”.

Al medrar el censo mundial, se multiplicarán las necesidades de proteína animal (se estima que, para 2050, serán de 7 a 10 veces mayores). Al medrar las necesidades de proteína animal, se multiplicarán las necesidades de proteína vegetal… La agricultura debe, por tanto, encontrar la manera de superar las limitaciones económicas y aumentar sustancialmente la productividad y la eficiencia. Según los cálculos de las organizaciones internacionales, la producción agrícola mundial tendría que incrementarse en un 60% de aquí a 2050.

Por si lo citado anteriormente no fuese suficiente, el agricultor deberá buscar formas sólidas y sostenibles de aumentar la producción al tiempo que lucha contra el cambio climático, la escasez de recursos hídricos, la degradación de las tierras, etcétera. Esto engarza con la mayoría de los Objetivos de Desarrollo Sostenible propuestos por la FAO en septiembre del pasado año: hambre cero, agua limpia y saneamiento, energía asequible y no contaminante, ciudades y comunidades sostenibles, acción por el clima, vida de ecosistemas terrestres…

La granja sostenible multifactor

Giuseppe Gavioli introduce el concepto de la granja sostenible multifactor (The Multi-Factor Sustainable Farm). Para hacer frente al necesario aumento de la producción vegetal y animal todas las explotaciones agrícolas, sean pequeñas o grandes, tendrán que sacar el máximo provecho de los cuatro factores clave con que cuentan: tierra, agua, energía y tecnología. “La sostenibilidad se convertirá en la condición para sobrevivir”.

Tierra

El uso tradicional de la tierra por parte del agricultor ya no es suficiente. Tampoco la tierra en sí de la que disponemos hoy es garantía de futuro. Es necesario encontrar nuevos campos para cultivar y mantener fértiles los que tenemos.

Se estima que existen en el mundo mil millones de hectáreas de tierras nuevas aptas para uso agrícola, de las cuales aproximadamente el 90% se concentra en el África subsahariana y América Latina (prácticamente no hay tierra libre disponible para la expansión agrícola en el sur de Asia, la región de Asia occidental y África septentrional). Se necesitarán ingentes esfuerzos económicos para poner en servicio dichos campos.

La expansión de los sistemas de riego favorecerá la usabilidad de las tierras fértiles. Evitar su degradación regenerando su fertilidad y manteniendo la biodiversidad deben ser prácticas comunes de las granjas del futuro.

El aumento previsto del 66% de la población urbana para 2050, y la consiguiente necesidad de más frutas frescas, verduras, carnes y otros alimentos básicos lleva a Gaviani a hablar de las “granjas verticales”: se utilizarán ciertas superficies del edificio o existirán edificios dedicados, aptos para el cultivo de alimentos como verduras o frutas, empleando unos recursos mínimos de suelo y con sistemas de riego de circuito cerrado en algunos casos con luz artificial para el crecimiento continuo o semicontinuo de las plantas.

Agua

Únicamente el 0,003% de agua del planeta (45.000 km3) es apta para el consumo humano y agrícola. La agricultura es, con diferencia, la mayor usuaria de agua del planeta. Sirva el ejemplo que da Gavioli: para hacer crecer un kilo de cereal, se precisan entre 1 y 3 toneladas de agua. Es evidente, por tanto, que también se necesitan nuevas estrategias de gestión del agua para garantizar el futuro aumento de la producción agrícola.

Por culpa del cambio climático serán necesarias acciones para facilitar el drenaje del exceso de agua o compensar los períodos de sequía con riego suplementario.

Los agricultores tendrán que utilizar con sentido el agua de la que dispondrán, reduciendo su consumo, reciclándola y contribuyendo a su depuración. "Cambiar el riego de superficie por el riego localizado puede reducir el consumo de agua de un 30 a un 60%”, señala la FAO.

Energía

El ahorro de energía, sostiene Gavioli, será imprescindible. El aumento del consumo empieza a ser un problema, por lo que la búsqueda de la eficiencia debe ser continua e inteligente, dando prioridad a la limitación de fertilizantes y pesticidas y a la agricultura de precisión.

Producir esta energía en la misma granja puede tener varias características positivas: proviene de fuentes renovables (sol, viento, residuos, biomasa), con muy bajas emisiones de CO2 puede ser generada con inversiones limitadas la distribución es de uso local puede utilizarse como vector energético (gas a presión biocombustible) la utilización de los residuos de generación como fertilizante, ayudaría a reducir los costes, etcétera.

Una vez más, para poner todo esto en marcha se requeriría una gran suma de esfuerzos no solo en concienciación social, sino también en inversión económica, normativas reguladoras, tecnología y servicio.

Tecnología

Como apuntó en su ponencia en la última reunión del Club de Bolonia, para Gavioli “la tecnología debe proporcionar una gran cantidad de respuestas que apoyen el desarrollo de las explotaciones futuras”. Y la realidad es que ya lo está haciendo: la mecanización agrícola estimula la productividad, la biotecnología mejora las variedades vegetales y multiplica su presencia, la bioquímica desarrolla eficaces fertilizantes y pesticidas y los diferentes estudios de ingeniería biológica permiten la aplicación de técnicas de mejora de las técnicas agrícolas para optimizar los resultados en los campos.

Además, las nuevas posibilidades de información y comunicación han aumentado la capacidad de los agricultores para aprovechar los recursos de su explotación. La "granja conectada" se está convirtiendo en el nuevo modelo a seguir.

En definitiva, la agricultura del futuro será bien distinta a la de nuestros días. La evolución será continua, cada vez más rápida y llegará a más zonas del planeta.

Gavioli lanza una recomendación a los agricultores: no esperen a problemas futuros, planifiquen con antelación, utilizando las nuevas tecnologías, y ejecuten los planes. El futuro ya es hoy.

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