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Agricultura de conservación

Una alternativa rentable y sostenible a la agricultura convencional

Feeding The World. @worldfeeding

Debido al grave impacto que las técnicas agrícolas habituales tienen sobre el suelo, nuevos métodos están surgiendo para tratar de paliar estos efectos y conservar así la calidad y fertilidad del suelo dedicado a la agricultura. Entre ellos, se encuentra la agricultura de conservación, una técnica que busca una alteración mínima del suelo.

La propia FAO la define como “un concepto para el manejo de agro-ecosistemas para una productividad mejorada y sostenible, mayor rentabilidad económica y seguridad alimentaria, conservando y reforzando al mismo tiempo los recursos naturales y el medio ambiente”. Su aplicación se basa en tres principios fundamentales, que pueden aplicarse a todo tipo de suelos y cultivos.

  • La perturbación mínima del suelo
  • La cobertura permanente de la superficie con materiales orgánicos
  • La diversificación de las especies cultivadas en secuencias o asociaciones

En la agricultura convencional, la labranza del suelo es una de las principales actividades, que produce un incremento en la productividad, pero lo hace a costa de la degradación del suelo. Mientras tanto, en la Agricultura de Conservación se reducen al mínimo los trabajos mecánicos sobre el suelo y los abonos y agroquímicos se utilizan en una forma y cantidad que no dañe los procesos biológicos.

La Agricultura de Conservación busca el equilibrio entre el necesario incremento de la producción agrícola para cubrir las necesidades de la población y el cuidado de los recursos naturales. Para ello, utiliza prácticas como la utilización de semillas de calidad, el manejo integrado de plagas o la gestión del agua. También facilita la integración con otros sectores como la ganadería, la plantación de árboles y los pastos.

Las ventajas medioambientales de este sistema de producción son variadas: contribuye al control de la contaminación ambiental y del calentamiento de la atmósfera al actuar como sumidero de CO2 mejora los recursos naturales y la biodiversidad y ayuda a conservar y mejorar los recursos subterráneos de agua. También, a pesar de la inversión inicial, a largo plazo supone un ahorro de costes para el agricultor, así como un ahorro de tiempo, mano de obra y combustibles al limitar los trabajos mecánicos. Por último, su rendimiento es similar al de la agricultura intensiva moderna y tiende a aumentar con el paso de los años.

Según los datos que ofrece la Asociación Española de Agricultura de Conservación Suelos Vivos, la utilización de este sistema de producción ocupa solamente el 13,1% de la tierra cultivable, pero se incrementa año a año.

Desde Feeding The World insistimos en que la alimentación mundial necesita iniciativas como ésta, que permitan a los agricultores aumentar su productividad al mismo tiempo que reducen su impacto en los recursos medioambientales.

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