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La economía circular que nos espera tras el COVID-19

Ricardo Migueláñez. @Rmiguelanez

Si de algo saben los agricultores y ganaderos es de economía circular. Su actividad profesional es circular, sale de la naturaleza y vuelve a la naturaleza, y está basada en ciclos estacionales que se repiten año tras año. ¿Quiere esto decir que no tienen ya nada que aportar a la denominada economía circular? Nada más lejos de la realidad.

Tienen que aportar, mejorar y seguir aportando, pero la sociedad también tendrá que valorarlo mucho más, porque muchas veces la idea que subyace es que la agricultura y la ganadería solo destruyen el medio ambiente, contaminan suelos, aire y agua, cuando lo que evitan es todo lo contrario, que el territorio rural se convierta en un gigantesco erial abandonado.

¿Qué hay prácticas agrícolas que esquilman los recursos naturales?, pues claro, pero que se denuncien y se persigan, o se traten de amortiguar en la medida de lo posible, como sucede con otras actividades productivas o extractivas mucho más contaminantes que, sin embargo, no se prohíben. Pero algunos prefieren, al parecer, que volvamos casi a la Edad de Piedra.

Viene esto a colación porque la Comisión Europea (CE) presentó el pasado 11 de marzo, antes de todo este lío del COVID-19 y dentro del paquete de Pacto Verde Europeo (“Green Deal”), el nuevo Plan de Acción para la Economía Circular, a favor del crecimiento sostenible, con algunas medidas que afectan a la sociedad en general, pero también al sector agrario y, sobre todo al sector agroalimentario en su conjunto, referidas a los envases y embalajes (sobre todo el uso de plásticos) y al desperdicio alimentario que, por mucho que se diga, continúa siendo uno de los grandes problemas de nuestra sociedad de la abundancia (la Unión europea, UE, estima que se pierde o se desperdicia un 20% del total de los alimentos producidos).

La incógnita ahora es ¿qué panorama económico dejará la actual situación sanitaria en toda Europa? Esperemos que no sea tan catastrófica como muchos informes empiezan a avanzar, pero lo que está claro que la CE tendrá que, al menos, repensar el calendario de la ejecución de las medidas que quiere proponer, hasta que Europa se recupere un poco, ya que como he dicho en otras ocasiones, la implementación de todas estas medidas no es gratis.

Aunque el desperdicio alimentario  se incluya en este Plan de Acción, la Comisión tiene intención de proponer un objetivo de reducción de desperdicio de alimentos como parte de la Estrategia de la UE “De la granja a mesa”, que tenía previsto presentarse a finales de abril y que se ocupará de toda la cadena de valor alimentaria para garantizar la sostenibilidad del sector, reforzando los esfuerzos para luchar contra el cambio climático, proteger el medio ambiente y preservar la biodiversidad.

La Comisión quiere garantizar, ahora, que los bienes (no alimentarios) se fabriquen con la consigna de que deben durar más (veto a la obsolescencia programada), con el fin de que sean más fáciles de reutilizar, reparar y reciclar (las tres R) para reducir también su impacto social y sobre el medio ambiente a lo largo de su ciclo de vida.

Aquí, la CE está pensando en aquellos sectores que utilizan más recursos y que cuentan con un mayor potencial de “circularidad”, como la electrónica de consumo y las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), electrodomésticos, baterías y vehículos, envases, plásticos, textiles, construcción y alimentación.  Todo ello para contribuir también a alcanzar el objetivo de neutralidad climática en el año 2050.

Además de que se fabriquen o elaboren  productos más duraderos y sostenibles, incorporando material reciclado en vez de materias primas primarias, el Plan de Acción de la Economía Circular exige a los consumidores más responsabilidad en su uso para reducir la generación de residuos más o menos contaminantes.

Medidas

Entre otras medidas, ya conocidas, se quiere restringir los productos de un solo uso, hacer frente a la obsolescencia prematura o programada, y prohibir la destrucción de bienes duraderos que no hayan sido comercializados.

En referencia al sector alimentario, la CE pretende adoptar una iniciativa para sustituir en los servicios de alimentación la utilización de envases, vajilla y cubertería de un solo uso por productos reutilizables, en línea con la nueva directiva sobre los productos de plástico de un único uso, que ya fue aprobada en junio de 2019 y que debe ser traspuesta a la normativa nacional de los diferentes Estados miembros.

En el ámbito de los envases y embalajes, la CE recuerda que la cantidad de materiales utilizados para el envasado es cada vez mayor. En 2017, los residuos de envases en Europa alcanzaron una cifra sin precedentes de 173 kilos por habitante. Ahora, la CE propondrá medidas para asegurar que el aumento de la generación de residuos de envases se inviertan con carácter prioritario, incluso fijando objetivos y otras medidas de prevención. El objetivo último será que todos los envases que se introduzcan en el mercado de la UE se puedan reutilizar o reciclar de manera económicamente viable de aquí a 2030. Para ello, la CE propondrá reforzar los requisitos esenciales obligatorios para todos los envases que se pongan en el mercado.

En su plan de acción, la Comisión señala que fomentará la reutilización de agua, los enfoques circulares en la reutilización del agua en la agricultura y en los procesos industriales (nada nuevo para nuestro sector agrario, dada la escasez de este recurso en nuestro país, aunque sí puede serlo para los países del Centro y Norte de la UE).  Por ello, pretende revisar las directivas sobre tratamiento de aguas residuales y lodos de depuración.

Asimismo,  el organismo comunitario quiere llevar a cabo una gestión integrada de los nutrientes del suelo para garantizar una aplicación más sostenible de los mismos y estimular el mercado de nutrientes recuperados, evaluando las formas naturales de eliminación de nutrientes, como las algas.

Otra de las iniciativas de futuro, pero que no termina de cuajar por falta de suficiente apoyo e inversión, es la que hace referencia a los bioplásticos o plásticos de origen biológico (de fécula de patata, de almidón de maíz, de biomasa vegetal…etc.) que se presentan como alternativa a la utilización de recursos fósiles (petróleo), y los plásticos biodegradables o compostables.

La CE busca garantizar que el abastecimiento y la utilización de los bioplásticos, plásticos biodegradables o compostables ofrezcan ventajas medioambientales reales, es decir, que su desecho no provoque más residuos y contaminación derivada para el medioambiente.

Opiniones, todas ellas anteriores a la situación sanitaria creada por el COVID-19

El vicepresidente ejecutivo responsable del Pacto Verde Europeo, Frans Timmermans, declaró que “para alcanzar la neutralidad climática de aquí a 2050, preservar nuestro medioambiente natural y reforzar nuestra competitividad económica, es necesario una economía completamente circular.  Actualmente nuestra economía sigue siendo enteramente lineal, ya que solo el 12% de los materiales y recursos secundarios vuelve a entrar en la economía. Existe un enorme potencial que pueden aprovechar tanto las empresas, como los consumidores.”

El comisario de Medio Ambiente, Océanos y Pesca, Virginijus Sinkevicius, argumentó que “solo tenemos una Tierra, pero en 2050 estaremos consumiendo como si tuviéramos tres. El nuevo Plan hará que la “circularidad” sea la norma en nuestras vidas y acelerará la transición ecológica de nuestra economía. Ofrecemos medidas decisivas para cambiar el primer eslabón de la cadena de sostenibilidad, esto es, el diseño de los productos. Unas medidas  tomadas pensando en el futuro, que generarán oportunidades de negocio y de trabajo, reconocerán nuevos derechos a los consumidores europeos, encauzarán la innovación y la digitalización y, al igual que la Naturaleza, garantizarán que no se desperdicie nada.”

Las organizaciones y cooperativas agrarias europeas (COPA-Cogeca), acogieron con beneplácito el nuevo Plan de Acción de Economía Circular,  puesto que “reconoce el potencial de la bioeconomía circular y puesta en marcha de la Estrategia de Bieconomía de la UE para permitir una mayor “circularidad”. Sin embargo, su buen funcionamiento depende de un sector agrario y forestal verdaderamente dinámico y para que alcance su máximo potencial, la UE debe proporcionar medidas coherentes y financiación, incluso en la futura PAC, para ayudar a los agricultores y a los propietarios de bosques y a sus cooperativas a mejorar su contribución.”

Para el COPA-Cogeca, “la UE necesita de un marco legislativo coherente, un apoyo económico específica y una toma de decisiones políticas basadas en la Ciencia para reposicionar la agricultura en el centro de la economía circular, mejorando la “caja de herramientas” de los agricultores y su acceso a la innovación (biológica, tecnológica y social).”  Por ello, “Europa necesita un enfoque global, que incluya a todas las partes interesadas, para la recogida de alimentos no comercializados, no consumidos y no comestibles, con el fin de redirigirlos a la fabricación de alimentos para animales, a la generación de biocombustibles o a la producción de biogás.”

Por último, el COPA-Cogeca pide a la CE que “incluya, en cualquier posible método de cálculo de la huella medioambiental sostenible externalidades como el secuestro de carbono, la biodiversidad y la gestión del agua. En este punto, el trabajo posterior de la Comisión Europea sobre la contabilidad de las emisiones de carbono es crucial.”

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